La abolición del sistema penal, inconvenientes en Latinoamérica–M. Martínez

Referencia: Martínez Sánchez, Mauricio. La abolición del sistema penal : inconvenientes en Latinoamérica. Bogotá, Colombia: Temis, 1990.

Nota: Libro encontrado en internet. Actualmente descatalogado.


Martínez Sánchez, Mauricio. La abolición del sistema penal : inconvenientes en LatinoaméricaPRÓLOGO
Juan Bustos Ramírez

El abolicionismo es criminología crítica, pero ciertamente ella no se agota en el abolicionismo. La criminología crítica ha sido el movimiento criminológico más importante de las últimas décadas, pero ello no quiere decir, todo lo contrario, que al interior de ella no se presenten diferentes posiciones. Es más, dentro de estas se dan distintos matices entre los autores que las sostienen.

Especial relevancia han tenido en los últimos años el neorrealismo, el derecho penal mínimo y el abolicionismo. Esta última posición, justamente por su radicalismo, es la que más atención ha acaparado en la actualidad. De ahí la importancia del trabajo que presentamos, que constituye un esfuerzo notable de síntesis y de profundidad en el tratamiento del tema.

Tanto el neorrealismo, el derecho penal mínimo como el abolicionismo son criminología crítica. Por tanto, tienen como rasgo común su crítica a la criminología tradicional, por una parte, y por otra, que su objeto de estudio crítico es justamente el sistema penal. Ahora bien, el abolicionismo lleva su crítica hasta las últimas consecuencias y plantea la abolición del sistema penal aquí (esto es, en cualquier lugar) y ahora. La cuestión a debatir y que se plantea el autor, es si esta propuesta tiene una fundamentación plausible. Esto, por tanto, no significa en modo alguno desconocer los aportes del abolicionismo en su crítica a la criminología tradicional y tampoco su tratamiento crítico del derecho penal, en lo cual hay coincidencia con la criminología crítica en su conjunto. Se trata, entonces, de dilucidar si el programa que presenta el abolicionismo en lugar del sistema penal tiene algún grado de factibilidad. Y esto va más allá de una simple cuestión de posibilidad de transferencia teórica. Se trata, entonces, no solamente del debate de que los planteamientos del abolicionismo solo son válidos para el mundo altamente desarrollado y no para el ámbito del subdesarrollo, sino de poner en discusión los fundamentos mismos de la propuesta abolicionista y, por tanto, si ella será valedera para cualquier ámbito social.

Un problema básico es el relativo a la concepción del Estado. Como dice el autor, “La concepción sobre el Estado utilizada por el abolicionismo en el análisis del sistema es simplista: el Estado es confundido con el poder político; no distingue aparato estatal y estructura de poder”. Con ello entonces aparece explicable que el abolicionismo crea que se solucionan todos los problemas mediante la abolición del derecho penal. Esta forma de concebir las cosas es enfrentar el problema como el avestruz, esto es, esconder siempre la cabeza y no visualizar que las estructuras de poder están en todo el sistema social y que la sociedad civil no es “la buena” y la sociedad política “la mala”; el problema hay que tratarlo globalmente. De otro modo llegaremos, al igual que el positivismo, a un puro fraude de etiquetas y, además, habremos desmontado las garantías que se han construido al interior del sistema penal en la lucha de los ciudadanos por sus derechos. No es que el derecho penal sea el “malo” y el derecho civil, administrativo o policial sea el “bueno”. Eso es olvidar que todo el derecho obedece a unas mismas estructuras de poder y que por eso mismo ya en el siglo pasado las posiciones críticas iniciaron sus análisis críticos sobre el derecho en general. Creer que el problema se resuelve simplemente con trasladar la cuestión del sistema penal al sistema civil, es pensar como los positivistas naturalistas, que la abolición del derecho penal pasaba por declarar al delincuente un enfermo y aplicarle tratamiento médico por su bien. Hoy según el abolicionismo, por su bien se le aplicará derecho civil, administrativo o policial. Los resultados pueden ser exactamente los mismos que se dieron con el positivismo naturalista: los ciudadanos y en especial los más desfavorecidos, a total merced del Estado y del Poder.

La segunda cuestión básica es la relativa a la concepción misma del fenómeno delictivo. Como señala el autor: “La teoría abolicionista de que los «delitos-situaciones negativas» creados por el sistema penal son solo conflictos individuales, pura interacción…”, tampoco es válida. El fenómeno delictivo no se puede reducir a simples disgustos entre personas y a que el sistema penal le roba sus conflictos a los ciudadanos. La cuestión delictiva no es simplemente algo que depende de la buena o mala voluntad de las partes. El fenómeno delictivo es antes que nada una cuestión de poder, de estructuración de las necesidades y su satisfacción. Cuando en España se adultera el aceite de colza por empresas importadoras y a consecuencia de ello mueren gran cantidad de personas y otras tantas quedan mutiladas, cuando en Alemania se adultera la margarina, o en Austria y Alemania se adultera el vino, etc., sin que sea entonces necesario citar lo que sucede en nuestros países latinoamericanos, no es una cuestión simplemente de buena o mala voluntad, sino en relación a la estructura misma del sistema, en que siempre las víctimas pertenecerán a los grupos sociales con menores ingresos, pues son ellos los que compran aceite no envasado o vino a granel, etc. Por otra parte también serán estos sectores los perseguidos penalmente cuando se opongan a los daños ecológicos de las grandes empresas u ocupen viviendas frente al enorme alza de los alquileres y la gran cantidad de departamentos desocupados, tema en el que tampoco es necesario referirse a lo que sucede en Latinoamérica, porque esto sucede en los países desarrollados.

Por último el abolicionismo, en consecuencia con lo anterior y como el avestruz, pretende ignorar que el sistema penal está aquí y ahora, y por ello entonces no lleva a cabo análisis alguno de sus elementos específicos, con lo cual lo único que hace es construir castillos de arena, practicar futurología.

Esto quizás sí es valedero solo para los países desarrollados, en los cuales hay tiempo y dinero para dedicarse a cualquier cosa, pero no en los países subdesarrollados, en que la miseria y la opresión no permiten tales lujos.

Pero como decíamos al principio, el abolicionismo es criminología crítica y no hay duda que ha señalado caminos importantes a seguir aquí y ahora, que hay que recoger, en especial el rol de la víctima y la búsqueda de alternativas, como la compensación y la conciliación. El resaltar las diferencias no ha de significar en modo alguno rechazar totalmente los análisis del abolicionismo. Como expresa Mauricio Martínez, recogiendo una crítica positiva de Ferrajoli al abolicionismo: “… los costos, los sufrimientos y las arbitrariedades cometidas a lo largo de la historia del sistema penal y que son mucho mayores que los daños ocasionados por la suma total de los «delitos» cometidos, han retado a los que justifican el sistema penal existente a demostrar que sus ventajas son superiores a todos los males que ocasiona”.

Es pues, la obra de Mauricio Martínez lo mejor que se ha escrito hasta el momento sobre el abolicionismo, no solo porque hace una extensa y brillante exposición de sus diferentes planteamientos, sino porque al mismo tiempo destaca con gran precisión todos los puntos débiles que le aquejan. Ello es de gran importancia en nuestros países, en que a menudo la novedad hace acoger sin mayor reflexión las doctrinas que vienen del extranjero. El autor en plena consecuencia con su pensamiento crítico, establece fundadamente una vía distinta, la de la revisión exhaustiva del abolicionismo, con el objeto de considerar cuál es su capacidad de rendimiento en general y en Latinoamérica. De ahí que resulte una obra sugerente e indispensable para cualquier estudioso de la política criminal contemporánea.

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2 responses to “La abolición del sistema penal, inconvenientes en Latinoamérica–M. Martínez”

  1. papelesdelcastigo says :

    Reblogged this on Revista Papeles del Castigo and commented:
    Desempolvando opiniones vigentes

  2. jose says :

    dan risa estos abolicionistas. parecieran estar alejados de la realidad de que el delincuente lo es por OPCION

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